miércoles, 4 de noviembre de 2026

 ¿El ocio también es trabajo? Una reflexión sobre los consumos culturales en la economía de plataformas



El miércoles 4 de noviembre se realizó la charla «¿El ocio también es trabajo?: Consumos culturales en contexto de plataformas», a cargo del Dr. Agustín Berti, investigador del CONICET en el Instituto de Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba y especialista en estudios sobre plataformas, interfaces y cultura digital. La actividad fue organizada por las cátedras Seminario de Tecnología Educativa y Educación y TIC, de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (FHAyCS-UADER).

El encuentro propuso analizar las transformaciones que atraviesan nuestras prácticas culturales en el contexto de las plataformas digitales y abrir interrogantes sobre aquello que sucede mientras vemos una película, escuchamos música, recorremos un catálogo o elegimos qué contenido consumir. ¿Qué datos producimos durante esas actividades? ¿Cómo intervienen los algoritmos en nuestras elecciones? ¿De qué manera las plataformas organizan nuestros tiempos de ocio y convierten nuestras interacciones en fuentes de valor económico?

Durante su exposición, Berti planteó que resulta necesario comprender las plataformas no como herramientas aisladas o meros espacios de acceso a contenidos, sino como entornos sociotécnicos complejos, constituidos por infraestructuras, interfaces, sistemas de datos, modelos de negocio y decisiones que intervienen en nuestras experiencias cotidianas.


De la economía de la atención a la economía de la dispersión


Uno de los puntos de partida de la charla fue la necesidad de revisar la idea de economía de la atención. A partir de las investigaciones desarrolladas sobre las plataformas de streaming, Berti propuso pensar el escenario contemporáneo en términos de una economía de la dispersión, caracterizada por la multiplicación de estímulos, interrupciones y notificaciones que dificultan sostener la atención durante períodos prolongados.

En este contexto, las plataformas no solo ofrecen contenidos para ver o escuchar: también diseñan experiencias orientadas a mantener a las personas conectadas, favorecer la continuidad de la navegación y propiciar nuevas interacciones. La posibilidad de pausar, reanudar, recomendar, calificar y recibir sugerencias forma parte de una dinámica en la que cada acción deja registros y produce información.

Para explicar estas transformaciones, el investigador reconstruyó tres infraestructuras de la percepción: la sala de cine, la transmisión televisiva y el video a demanda. Cada una organiza de manera diferente la experiencia cultural. Mientras el cine favoreció una percepción colectiva, pública y diferida, y la televisión una experiencia principalmente doméstica y sincronizada, las plataformas de streaming configuran formas de percepción individuales, ubicuas y multipantalla, en las que adquieren centralidad la disponibilidad permanente, la personalización y el engagement.


La pila audiovisual: las infraestructuras que hacen posible el streaming

Otro de los ejes centrales fue el análisis de la denominada pila audiovisual, concepto que permite comprender las distintas capas que intervienen en el funcionamiento de las plataformas. La experiencia de acceder a una película o una serie no depende exclusivamente del contenido ni de la interfaz que aparece en la pantalla. Involucra también dispositivos, bases de datos, sistemas de recomendación, medios de pago, derechos de reproducción, redes de conectividad y centros de procesamiento de datos.

Desde esta perspectiva, Berti hizo hincapié en que la llamada «nube» no es un espacio inmaterial: requiere infraestructuras físicas, granjas de servidores, tendidos de fibra óptica, redes satelitales, minerales, energía y agua. Reconocer esta dimensión material permite comprender las condiciones económicas, tecnológicas y ambientales que sostienen los servicios que utilizamos cotidianamente.

Las interfaces también ocuparon un lugar relevante en el análisis. No son superficies neutrales que simplemente permiten elegir entre distintas opciones: organizan los catálogos, establecen recorridos posibles, jerarquizan contenidos y condicionan las formas de interacción. En ese proceso, las personas dejan de ser consideradas únicamente espectadoras y pasan a ser también usuarias y perfiles construidos a partir de los datos que producen sus actividades.

En este marco, durante la charla se compartió el Sociograma de Plataformas de streaming, una infografía que permite aproximarse visualmente a las relaciones y dimensiones que intervienen en este ecosistema. El material complementa el análisis de las infraestructuras digitales y de las condiciones que organizan los consumos audiovisuales.


Ocio, trabajo y extracción de datos


La pregunta que dio título a la charla permitió profundizar en una de las cuestiones más relevantes de la economía de plataformas: la relación entre las actividades de ocio y la producción de valor. Cuando vemos una serie, exploramos recomendaciones, incorporamos contenidos a una lista o indicamos si algo nos gusta, no solo estamos realizando elecciones culturales. También generamos datos que las plataformas recopilan, procesan y utilizan para mejorar sus sistemas de recomendación, retener usuarios y desarrollar sus modelos de negocio.

De este modo, prácticas que habitualmente reconocemos como momentos de descanso y entretenimiento participan de circuitos de captura y monetización de datos. El tiempo de ocio se integra así en una dinámica económica que busca sostener la conexión y anticipar comportamientos, preferencias y decisiones.

Berti también abordó las consecuencias de estos procesos en términos de soberanía cultural, económica, tecnológica y política. La concentración de los catálogos y de los datos en grandes corporaciones transnacionales plantea interrogantes sobre la circulación de las producciones culturales, la protección del patrimonio audiovisual, las condiciones de acceso y las posibilidades de desarrollar infraestructuras propias.


Una mirada sociotécnica para comprender la cultura contemporánea


La charla también abrió un espacio de intercambio sobre la complejidad de estos fenómenos y la necesidad de abordarlos desde perspectivas interdisciplinarias. En el diálogo con las personas participantes, se destacó que comprender las plataformas requiere articular conocimientos provenientes de la filosofía de la técnica, la comunicación, los estudios culturales, las ciencias sociales y la informática, entre otros campos.

En este sentido, la propuesta de Berti invita a revisar nuestras formas de relacionarnos con las tecnologías digitales y a reconocer que estas no se limitan a facilitar determinadas acciones: también organizan prácticas, producen clasificaciones, condicionan elecciones e intervienen en la configuración de nuestras subjetividades.

La actividad permitió, así, avanzar en una lectura crítica de los entornos sociotécnicos que forman parte de la vida cotidiana y recuperar preguntas fundamentales sobre las relaciones entre cultura, tecnología, trabajo y poder.

Para seguir profundizando

Durante el encuentro se compartieron referencias a tres publicaciones vinculadas con estas problemáticas, que permiten ampliar los debates sobre cultura algorítmica, plataformas digitales y transformaciones de los consumos culturales:

La charla formó parte de las actividades organizadas por las cátedras Seminario de Tecnología Educativa y Educación y TIC, con el propósito de generar espacios de encuentro, intercambio y reflexión sobre las transformaciones tecnológicas y culturales contemporáneas.

Lic. María Sol Barrera y Mgtr Mariana Casas









miércoles, 21 de octubre de 2026

Inteligencia artificial en la formación docente: perspectivas didácticas y epistemológicas

Mario Cwi compartió experiencias y propuestas para pensar críticamente la inteligencia artificial en la formación docente

En el marco del proyecto de extensión de cátedra Tecnologías digitales, conocimiento y educación: debates y perspectivas actuales, el miércoles 21 de octubre se realizó la charla “La Inteligencia Artificial en la formación docente: perspectivas didácticas y epistemológicas”, a cargo del ingeniero Mario Cwi. La actividad, organizada desde las cátedras de Educación y TIC y Seminario de Tecnología Educativa de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (FHAyCS-UADER), convocó a estudiantes de distintas carreras de formación docente, docentes y equipos directivos y pedagógicos de diversas provincias argentinas y de Brasil.

Mario Cwi es ingeniero electrónico y profesor en Disciplinas Industriales. Se desempeñó durante cuarenta años en la Escuela ORT, donde coordinó las áreas de Educación Tecnológica e Innovación Educativa, dirigió la Unidad de Capacitación Docente y coordinó el Programa IA en ORT.

Actualmente, coordina el área de Capacitación Docente en Educación Tecnológica, Educación Técnica e Informática en la Escuela de Maestros del Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Integró el equipo de elaboración de los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP) de Educación Tecnológica y participó en el diseño curricular del área y en la elaboración de propuestas de formación docente. Es coautor del libro Tecnología y Educación Tecnológica. Aportes para la práctica docente (Kapelusz) y de materiales educativos para los niveles primario y secundario.

Es miembro del Laboratorio Abierto de Inteligencia Artificial (LAIA) y dirige la colección Innovación y Tecnología de Noveduc Ediciones. Es autor de Robótica y automatización: de los conceptos a la didáctica (2021) y coautor, junto a Gustavo Schujman, de La inteligencia artificial llegó a la escuela. Explorando con los chatbots en el aula (2024). También es coautor, junto a Sergio Grabosky, de La escritura mediada con inteligencia artificial. Estrategias cognitivas y propuestas didácticas, y coordinador de Enseñar y aprender con inteligencia artificial. Crónicas desde el aula.

Durante el encuentro, Cwi abordó los desafíos que plantea la incorporación de la inteligencia artificial generativa en la educación y, especialmente, en la formación docente. A partir de experiencias concretas, propuso superar tanto las posiciones de rechazo y prohibición como la adopción acrítica de estas tecnologías, para construir criterios que permitan decidir cuándo, para qué y de qué manera incorporarlas en las propuestas de enseñanza.

Uno de los ejes centrales fue la distinción entre utilizar la inteligencia artificial para producir respuestas, resolver tareas y aprovecharla como una mediación para aprender. En este sentido, presentó alternativas de aprendizaje guiado, chatbots personalizados y aplicaciones educativas interactivas desarrolladas mediante instrucciones en lenguaje natural. Estas herramientas pueden acompañar procesos de aprendizaje, formular preguntas orientadoras y ofrecer retroalimentación, sin reemplazar las decisiones de los estudiantes ni resolver por ellos los problemas que necesitan comprender.

La exposición incluyó experiencias de diferentes campos disciplinares, entre ellas propuestas para estudiar contenidos de Ciencias Naturales, acompañar la escritura de textos argumentativos y orientar la revisión de producciones escritas. Los ejemplos permitieron analizar cómo las decisiones didácticas pueden favorecer la autonomía, la metacognición y el desarrollo del pensamiento crítico, en lugar de delegar en la inteligencia artificial las tareas centrales del aprendizaje.

Otro aspecto destacado fue la necesidad de examinar críticamente tanto las respuestas que producen estos sistemas como sus dimensiones menos visibles. Cwi analizó los sesgos de género, el sesgo de asentimiento —la tendencia de los sistemas a validar las expectativas de quienes los utilizan—, las alucinaciones y la importancia de verificar la información con fuentes confiables. También señaló la necesidad de considerar cuestiones vinculadas con la privacidad de los datos, el impacto ambiental, el trabajo humano involucrado y los intereses comerciales de las empresas que desarrollan estas tecnologías.

En relación con la formación docente, sostuvo que la inteligencia artificial no debería quedar circunscripta a un espacio curricular específico ni reducirse a la enseñanza del manejo de herramientas. Su abordaje requiere articular las dimensiones pedagógicas, disciplinares y tecnológicas, e incluir experiencias en las prácticas docentes que permitan analizar sus posibilidades y limitaciones en situaciones educativas concretas.

La charla también puso de relieve el valor de recuperar y compartir experiencias de enseñanza para construir conocimiento didáctico situado. Frente a la rápida aparición de nuevas herramientas y a la sobreoferta de capacitaciones, Cwi propuso priorizar los problemas concretos de las instituciones educativas, el intercambio entre docentes y la reflexión colectiva sobre lo que sucede en las aulas.

El encuentro finalizó con un intercambio entre los participantes, en el que se retomaron los desafíos de integrar la inteligencia artificial en distintos niveles educativos y la importancia de trabajar con experiencias que puedan ser analizadas, adaptadas y discutidas desde diferentes campos de conocimiento.

La principal invitación fue poner las decisiones pedagógicas en primer plano: definir qué se quiere enseñar, cómo se espera que aprendan los estudiantes y qué lugar puede ocupar la inteligencia artificial en ese proceso. Desde esta perspectiva, el desafío no consiste en seguir cada nueva herramienta, sino en construir criterios para comprender sus posibilidades, reconocer sus limitaciones y decidir cuándo su incorporación puede enriquecer las experiencias educativas.



Lic. María Sol Barrera y Mgtr. Mariana Casas

jueves, 24 de septiembre de 2026

Hacer escuela hoy: enseñar en tiempos de gobernanza digital

VII Seminario Nacional de la Red ESTRADO – Tucumán, 2026



















¿Qué significa hacer escuela hoy, en un escenario en el que las tecnologías digitales ya no constituyen solamente herramientas que se incorporan a las prácticas educativas, sino que forman parte de las condiciones en las que enseñamos, aprendemos y tomamos decisiones?


Esta pregunta atravesó el panel central “Hacer escuela hoy. Reconfiguraciones del trabajo de enseñar en contextos de gobernanza digital”, desarrollado en el marco del VII Seminario Nacional de la Red ESTRADO, realizado en San Miguel de Tucumán.

El panel reunió a Javier Blanco (ADIUC-UNC), Alejandro Ruidrejo (UNSa), Eva Da Porta (UNC) y Daniel Richar (UADER), con la moderación de Belén Caminos (UNC). El encuentro constituyó un espacio para pensar las transformaciones contemporáneas del trabajo docente y, al mismo tiempo, para volver sobre una pregunta que adquiere especial relevancia frente a la expansión de la inteligencia artificial, las plataformas digitales y los sistemas algorítmicos: ¿qué decisiones queremos conservar como sociedad cuando cada vez más operaciones pueden ser delegadas a sistemas técnicos?


De la tecnología como herramienta a la reorganización de la acción docente


En su intervención, Daniel Richar, de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos, propuso desplazar la mirada desde los artefactos hacia las actividades, los procesos y las relaciones que las tecnologías contribuyen a reorganizar en la tarea docente.

Su planteo parte de una noción central: la tecnificación. No se trata simplemente de incorporar nuevos dispositivos o herramientas, sino de comprender cómo determinadas operaciones que históricamente realizaban las personas pueden ser delegadas en sistemas técnicos. Esa delegación modifica la estructura de las actividades, transforma las operaciones que permanecen bajo responsabilidad humana y genera nuevas exigencias de supervisión, interpretación, validación y control.

Desde esta perspectiva, la pregunta no es solamente qué puede hacer una tecnología, sino qué sucede con la actividad humana cuando una parte de sus operaciones puede ser realizada por un sistema técnico.

Esta mirada permite alejarse tanto de las posiciones que presentan cada nueva tecnología como una solución educativa en sí misma como de aquellas que la conciben exclusivamente como una amenaza de sustitución. El problema se ubica en otro lugar: en la redistribución de operaciones, decisiones y responsabilidades que acompaña a los procesos de tecnificación.


Inteligencia artificial: ¿herramienta o nuevo entorno?


La expansión de la inteligencia artificial generativa vuelve especialmente visible esta problemática. Sistemas capaces de producir textos, imágenes, respuestas, síntesis o recomendaciones permiten delegar operaciones que forman parte del trabajo intelectual de docentes y estudiantes.

Pero, ¿qué cambia cuando la IA deja de ser solamente una herramienta que utilizamos ocasionalmente y pasa a formar parte del entorno sociotécnico en el que desarrollamos nuestras actividades?

Esta distinción resulta fundamental. Una herramienta puede seleccionarse para realizar una tarea determinada. Un entorno, en cambio, configura las condiciones dentro de las cuales las actividades tienen lugar. En este sentido, la escuela se encuentra ante una transformación que no se limita a incorporar inteligencia artificial en determinadas propuestas pedagógicas: docentes y estudiantes desarrollan sus prácticas en un mundo en el que la posibilidad de delegar determinadas operaciones intelectuales está permanentemente disponible.

Ya no se trata solamente de preguntarnos qué puede hacer un docente con inteligencia artificial, sino qué necesita hacer un docente cuando la inteligencia artificial puede hacer determinadas cosas.

Y esta cuestión alcanza directamente a la enseñanza y a la evaluación. Si una parte de las operaciones involucradas en la producción de una respuesta puede ser externalizada, también debemos revisar qué significa aprender, qué actividades proponemos y qué procesos necesitamos que los estudiantes puedan realizar por sí mismos.


No todo lo que puede delegarse conviene delegarlo


Uno de los aportes centrales de la intervención consiste en distinguir entre delegar para hacer y delegar aquello que necesitamos hacer para aprender a hacer. La diferencia resulta especialmente significativa en educación. Una persona experta puede externalizar razonablemente determinadas operaciones sin que eso implique perder la capacidad que le permite comprender, evaluar o decidir. Pero para quien todavía está construyendo esas capacidades, delegar una operación puede significar también delegar una parte del proceso mediante el cual se aprende.

Por ejemplo, utilizar inteligencia artificial para elaborar una síntesis puede ser pertinente cuando esa síntesis constituye un insumo para otra actividad. Pero la situación cambia si el propósito pedagógico era precisamente aprender a seleccionar información, establecer relaciones, jerarquizar ideas y construir un argumento. En ese caso, la operación delegada formaba parte del aprendizaje que se pretendía promover.

Por eso, la posibilidad técnica de delegar una operación no determina su conveniencia pedagógica. La pregunta por la tecnología se convierte, así, en una pregunta eminentemente pedagógica: ¿qué necesitamos preservar como experiencia de aprendizaje?


Cuando la tecnificación también alcanza al gobierno de la educación


Las mismas transformaciones que atraviesan el trabajo docente alcanzan las formas en que los sistemas educativos producen información, clasifican situaciones y toman decisiones. Bases de datos, plataformas y sistemas algorítmicos permiten integrar grandes volúmenes de información, construir perfiles, identificar patrones, producir predicciones y generar recomendaciones.

Los sistemas técnicos no operan directamente sobre la realidad: operan sobre representaciones de ella. Para que una trayectoria educativa pueda ser procesada por un sistema, debe ser traducida a datos, categorías y variables. Pero esa representación no constituye la trayectoria en sí misma; es una determinada construcción de ella.

Por eso, cuando los sistemas algorítmicos intervienen en decisiones educativas, la discusión deja de ser exclusivamente técnica.

Antes de que un sistema pueda identificar qué constituye un problema, alguien tuvo que definir qué considera problemático. Antes de optimizar un resultado, alguien tuvo que establecer qué resultado considera deseable.

La tecnología no elimina esas decisiones. En algunos casos, puede hacerlas menos visibles. De allí que la pregunta por la delegación adquiera una dimensión política: ¿quién define los criterios?, ¿quién toma las decisiones?, ¿quién interpreta los resultados?, ¿quién responde por sus consecuencias?


Hacer escuela como construcción de lo común


El panel también permitió recuperar una cuestión que trasciende la discusión sobre tecnologías: ¿qué hace indispensable a la escuela?

En escenarios caracterizados por la creciente disponibilidad de conocimientos, recursos y entornos digitales, podría parecer posible pensar una educación cada vez más individualizada y personalizada. Sin embargo, esa posibilidad vuelve necesario preguntarnos qué experiencias sólo pueden construirse en un espacio compartido.

La escuela no constituye únicamente un lugar para acceder a conocimientos o desarrollar capacidades individuales. Es también un espacio y un tiempo compartidos con otros: allí se encuentran sujetos con historias y perspectivas diferentes, se construyen vínculos, se tramitan conflictos y se aprende a participar de un mundo que no está organizado exclusivamente a medida de cada individuo.

En este sentido, hacer escuela hoy implica también sostener la construcción de lo común.

La pregunta por la tecnología no puede separarse entonces de la pregunta por la escuela que queremos construir y por el tipo de sociedad que buscamos sostener.


Soberanía pedagógica: decidir qué delegar


En el cierre de su intervención, Daniel Richar recuperó una noción que permite articular las diferentes dimensiones planteadas: soberanía pedagógica.

No se trata de rechazar las tecnologías ni de imaginar una escuela al margen de la tecnificación. Se trata de sostener la capacidad colectiva de intervenir sobre las condiciones sociotécnicas en las que se organiza la educación y el trabajo de enseñar.

En el plano del trabajo docente, esto supone conservar la capacidad para decidir qué operaciones delegar y cuáles preservar. En las instituciones, implica construir criterios colectivos que permitan que esas decisiones no recaigan exclusivamente sobre cada docente. Y, en el plano de las políticas públicas, supone desarrollar capacidades para comprender y gobernar los sistemas técnicos que intervienen en la educación.

Desde esta perspectiva, la soberanía pedagógica no significa controlar cada operación técnica. Significa conservar la capacidad de intervenir sobre las decisiones que organizan la experiencia educativa y sobre las finalidades que orientan esas decisiones.


Una pregunta para seguir pensando


El panel central de la Red ESTRADO deja abierta una pregunta que excede la incorporación de nuevas herramientas y que interpela directamente al trabajo docente: ¿qué necesitamos seguir haciendo para continuar siendo capaces de pensar, decidir y participar en la construcción de lo común?

En un contexto en el que técnicamente podemos delegar cada vez más operaciones, quizás el desafío no consista solamente en aprender a utilizar nuevas tecnologías, sino en discutir colectivamente qué queremos delegar, qué capacidades necesitamos preservar y qué decisiones no estamos dispuestos a transferir.

Hacer escuela hoy no significa solamente enseñar en un mundo atravesado por tecnologías. Significa también sostener un espacio donde aprender a vivir con otros, construir lo común y participar en las decisiones que dan forma a la educación.

Y, finalmente, significa disputar colectivamente la capacidad de decidir cómo queremos hacer escuela.


Sobre la Red ESTRADO


La Red Latinoamericana de Estudios sobre el Trabajo Docente (Red ESTRADO) fue creada en 1999, por iniciativa del Grupo de Trabajo “Educación, Trabajo y Exclusión Social” de CLACSO, como un espacio de diálogo entre investigadores, sindicatos, movimientos sociales y trabajadores de la educación.

A lo largo de sus más de 25 años de trayectoria, la Red se ha consolidado como un espacio regional de producción y circulación de conocimientos sobre el trabajo docente, articulando investigadores de universidades y centros de investigación, organizaciones gremiales y movimientos sociales. Actualmente cuenta con presencia en 12 países de América Latina.

El VII Seminario Nacional de la Red ESTRADO, desarrollado en San Miguel de Tucumán, propuso precisamente recuperar ese carácter de espacio de encuentro, debate y reflexión sobre el trabajo y la formación docente, a través de paneles, foros, mesas de trabajos académicos y experiencias, presentaciones y otros espacios de intercambio.


Mariana Casas


martes, 1 de septiembre de 2026

Una experiencia de aprendizaje en la sala museográfica de la FHAyCS-UADER

 Explorar la tecnología a través del patrimonio





El 31 de agosto, estudiantes de la cátedra Didáctica de la Educación Tecnológica participaron de una actividad en la sala museográfica de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la UADER, con el propósito de explorar los cambios y continuidades de las tecnologías a partir del patrimonio lítico y paleontológico que forma parte de sus colecciones.

La propuesta permitió acercarse a los objetos desde una perspectiva que trasciende su valor histórico o patrimonial, para analizarlos como producciones tecnológicas que expresan conocimientos, procedimientos, intencionalidades y formas de organización propias de diferentes sociedades y momentos históricos.


Conocer la sala para comprender el patrimonio

La actividad comenzó con la recepción y presentación del espacio a cargo de la Prof. Griselda De Paoli, Gisela Correa y Darío Velázquez.

En particular, Gisela Correa y Darío Velázquez contextualizaron a los/as estudiantes acerca del sentido de la sala museográfica, su surgimiento y el recorrido histórico de las colecciones que actualmente forman parte de este espacio. También explicaron las tareas vinculadas con el registro, inventario, documentación, conservación y preservación de los objetos.

Este primer acercamiento permitió comprender que una colección museográfica no consiste simplemente en reunir y exhibir objetos. Detrás de cada pieza existe un trabajo institucional orientado a preservar un patrimonio que posee valor científico, histórico, educativo y cultural.

Asimismo, se destacó la importancia de las condiciones necesarias para la conservación. Las pautas de cuidado del espacio —como no consumir alimentos ni bebidas— adquieren sentido cuando se comprende que cualquier elemento orgánico puede favorecer la aparición de plagas y acelerar el deterioro de piezas que, en algunos casos, poseen una antigüedad considerable.


Del patrimonio a la Educación Tecnológica

Luego, la Prof. Griselda De Paoli presentó diferentes objetos de la colección y desarrolló una exposición teórica vinculada directamente con los contenidos que los/as estudiantes se encuentran trabajando en la asignatura Didáctica de la Educación Tecnológica.

A partir de herramientas y objetos concretos, fue posible analizar cómo las sociedades fueron desarrollando diferentes maneras de actuar sobre los materiales y resolver problemas técnicos.

La observación de un mortero, por ejemplo, permitió pensar cómo una tecnología puede pasar de una herramienta simple a un instrumento compuesto por diferentes partes que cumplen funciones específicas. También posibilitó reconocer la relación entre las transformaciones técnicas y los cambios en las formas de vida, como aquellos vinculados con la agricultura, la producción y el procesamiento de alimentos.

De manera similar, el análisis de las herramientas líticas permitió abordar los procedimientos de percusión, prensión y modificación de materiales, así como las diferencias entre acciones orientadas hacia la potencia y aquellas que requieren mayor precisión.

En este momento de la actividad, Daniel Richar, titular de la cátedra Didáctica de la Educación Tecnológica, recuperó lo trabajado y propuso establecer relaciones entre la experiencia en la sala y los conceptos abordados en la asignatura. En particular, señaló que la observación de estos objetos permite reconocer cómo las tecnologías forman parte de contextos sociales determinados y cómo las soluciones técnicas se transforman en función de las necesidades, las posibilidades y los conocimientos disponibles en cada momento histórico.

Desde esta perspectiva, una herramienta no puede comprenderse únicamente por su forma o por el material con el que fue construida. Es necesario considerar qué acción permite realizar, qué problema busca resolver, qué procedimientos supone y qué conocimientos se ponen en juego para producirla y utilizarla.

Richar también recuperó la idea de que, al analizar los cambios y continuidades de las tecnologías, es posible reconocer procesos de transformación que parten de la utilización de elementos disponibles en la naturaleza, continúan con su modificación intencional y pueden avanzar hacia la construcción de sistemas más complejos, en los que las funciones se distribuyen entre diferentes componentes.

De este modo, una pieza aparentemente sencilla puede convertirse en una oportunidad para analizar procesos tecnológicos de gran complejidad. La experiencia permitió, así, poner en diálogo los objetos patrimoniales con los marcos conceptuales de la Educación Tecnológica y reconocer en ellos los conocimientos, procedimientos, intencionalidades y decisiones que se construyen y transforman históricamente.


Mirar una herramienta más allá de su forma

Uno de los aportes centrales de la experiencia fue comprender que observar una herramienta desde la Educación Tecnológica implica formular preguntas que van más allá de identificar qué objeto tenemos delante.

¿Qué función cumple? ¿Cómo fue producida? ¿Qué materiales fueron seleccionados? ¿Qué propiedades de esos materiales fueron aprovechadas? ¿Qué procedimientos técnicos fueron necesarios para construirla? ¿Qué conocimientos supone? ¿Qué necesidades de la sociedad que la produjo contribuyeron a su desarrollo?

Estas preguntas permitieron recuperar y poner en relación los aportes teóricos trabajados en la cátedra, particularmente los conceptos desarrollados por Rodríguez de Fraga en torno a las técnicas de prensión y percusión, la relación entre precisión y potencia y los procesos de disociación de funciones.

La visita permitió observar estos conceptos directamente en objetos concretos, reconociendo que detrás de una herramienta aparentemente sencilla existe un proceso de construcción de conocimientos y de acumulación de experiencias técnicas.


Cambios y continuidades

La experiencia también permitió establecer relaciones entre tecnologías de diferentes momentos históricos. Una herramienta lítica y una herramienta contemporánea pueden presentar grandes diferencias en cuanto a materiales, procedimientos y complejidad, pero pueden compartir una misma función.

La comparación permite entonces reconocer que las tecnologías cambian, se transforman y adquieren nuevas configuraciones, pero determinados problemas, funciones y conocimientos tecnológicos pueden permanecer y adquirir nuevas formas.

En este sentido, analizar las herramientas del patrimonio permite comprender la tecnología como un proceso histórico y social, y no solamente como un conjunto de objetos.


Una actividad para continuar pensando

A partir de lo trabajado durante la visita, los/as estudiantes deberán seleccionar tres objetos o herramientas de la sala que permitan reconocer diferentes momentos o procesos de cambio tecnológico.

La actividad propone describirlos, analizar sus procedimientos técnicos, identificar las funciones de las partes, reconocer posibles procesos de disociación y delegación de funciones. Finalmente, deberán comparar alguna de las tecnologías observadas con tecnologías actuales que cumplen funciones similares y proponer el rediseño de una de las herramientas seleccionadas, incorporando nuevas posibilidades de funcionamiento.

La visita se convierte así en una instancia de articulación entre patrimonio, historia, tecnología y enseñanza, donde los objetos dejan de ser únicamente piezas para observar y se transforman en fuentes para pensar cómo las sociedades producen conocimientos, desarrollan procedimientos y construyen respuestas tecnológicas frente a diferentes necesidades.

Explorar el patrimonio tecnológico es, en definitiva, una manera de aprender a mirar la tecnología: reconocerla en los objetos, reconstruir los conocimientos que los hicieron posibles y comprender los cambios y continuidades que atraviesan las prácticas tecnológicas a lo largo del tiempo.


Mariana Casas




sábado, 1 de agosto de 2026

Conferencia del Esp. Daniel Richar Organizada por el “Colectivo Docente de Educación Tecnológica”

 Introducción


La aceleración del cambio técnico y la expansión de las denominadas tecnologías emergentes —inteligencia artificial, robótica, programación, internet de las cosas, automatización avanzada, entre otras— han reactivado un debate recurrente en el campo educativo: ¿debe la escuela modificar sus contenidos para incorporar cada nueva tecnología que transforma la vida social y productiva? En el caso específico de la Educación Tecnológica, esta discusión suele formularse de manera más radical: ¿ha perdido vigencia la disciplina frente a la velocidad de las innovaciones tecnológicas contemporáneas?

Estas preguntas no son nuevas. Desde la incorporación de las tecnologías digitales a los sistemas educativos, y especialmente a partir de la publicación de los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP) de Educación Digital, Programación y Robótica, la Educación Tecnológica ha sido interpelada por perspectivas que proponen redefinir su objeto de enseñanza en función de las demandas del mercado tecnológico. En algunos casos, incluso, se ha planteado su reemplazo por áreas vinculadas con las ciencias de la computación.

La conferencia del Esp. Daniel Richar, organizada por el Colectivo Docente de Educación Tecnológica, propone una posición diferente. Su idea central sostiene que el cambio técnico vertiginoso no exige una redefinición del objeto epistemológico de la Educación Tecnológica, sino una reafirmación de sus fundamentos conceptuales. Desde esta perspectiva, las tecnologías emergentes no constituyen un fenómeno radicalmente nuevo, sino manifestaciones contemporáneas de procesos históricos de transformación técnica que pueden comprenderse mediante categorías ya presentes en el campo disciplinar.

Lejos de constituir una exposición unidireccional, la conferencia se desarrolló como un espacio de reflexión colectiva. La presentación de Daniel Richar dio lugar a un intercambio promovido por integrantes del Colectivo Docente de Educación Tecnológica, con la participación activa de especialistas del área, docentes y estudiantes de profesorados de Educación Tecnológica. Las intervenciones, preguntas y aportes de los participantes enriquecieron el análisis de las categorías conceptuales propuestas, permitiendo ponerlas en diálogo con problemáticas curriculares, didácticas e institucionales que atraviesan actualmente a la disciplina. En este marco, las ideas que se desarrollan a continuación no constituyen únicamente una síntesis de la conferencia, sino una reconstrucción de las principales ideas que surgieron del intercmabio y que resultan especialmente relevantes para pensar el lugar de la Educación Tecnológica frente al cambio técnico contemporáneo 


El falso dilema entre actualización tecnológica y vigencia disciplinar


Una de las ideas más extendidas en el debate educativo contemporáneo sostiene que la escuela debe incorporar de manera permanente las tecnologías más recientes para mantener su relevancia social. Esta concepción asocia la actualización curricular con la incorporación de nuevos dispositivos, lenguajes o herramientas digitales.

Sin embargo, esta lógica presenta una dificultad estructural: si el currículo se organiza en torno a tecnologías particulares, queda subordinado al ritmo de la innovación tecnológica, un proceso cuya velocidad responde principalmente a dinámicas económicas, empresariales y comerciales.

La experiencia reciente ofrece un ejemplo significativo. Hace pocos años, la programación fue presentada como el saber imprescindible para la inserción laboral y la ciudadanía digital. No obstante, el desarrollo acelerado de los sistemas de inteligencia artificial ha comenzado a transformar profundamente el propio campo de la programación, automatizando tareas que anteriormente requerían conocimientos especializados.

Este desplazamiento evidencia un problema de fondo: las tecnologías específicas tienen una estabilidad histórica limitada, mientras que las disciplinas escolares requieren marcos conceptuales capaces de conservar su capacidad explicativa a través del tiempo.

Desde esta perspectiva, la Educación Tecnológica no puede redefinir sus contenidos cada vez que emerge una nueva tecnología. De hacerlo, perdería estabilidad epistemológica y quedaría reducida a una formación instrumental orientada por las demandas coyunturales del mercado.







La centralidad de los conceptos en la enseñanza tecnológica


La posición desarrollada por Richar recupera una tradición importante dentro de la didáctica de la Educación Tecnológica, vinculada con la idea de que la enseñanza debe organizarse alrededor de conceptos y no de tecnologías particulares.

En este punto resulta especialmente relevante la De Vries y Tamir (1997), quienes ya advertían la imposibilidad de prever las tecnologías futuras, esto implica enseñar aquellos conceptos que permitan comprender tanto las tecnologías conocidas como las que aún no existen.

Esta perspectiva encuentra una expresión clara en los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios, cuyo enfoque no se estructura a partir de un inventario de dispositivos o técnicas, sino de una red conceptual que permite interpretar procesos tecnológicos diversos.

La cuestión central, entonces, no es si la inteligencia artificial, la robótica o las plataformas digitales deben ser enseñadas, sino desde qué categorías conceptuales son abordadas.

En este sentido, la charla propone cuatro nociones fundamentales: cambio técnico, tecnificación, delegación de funciones y agencia sociotécnica.


Cambio técnico: una categoría para comprender la transformación tecnológica


La noción de cambio técnico constituye el marco más amplio para analizar las transformaciones tecnológicas contemporáneas. Su importancia radica en que permite superar una visión lineal y evolucionista del desarrollo tecnológico.

Con frecuencia, las innovaciones son presentadas como etapas inevitables de un proceso de progreso continuo. Sin embargo, el concepto de cambio técnico pone de manifiesto que las transformaciones tecnológicas están atravesadas por múltiples factores: intereses económicos, decisiones políticas, conflictos sociales, regulaciones institucionales, controversias culturales y disputas por el control del conocimiento.

Desde esta perspectiva, las tecnologías emergentes no representan una ruptura absoluta con el pasado, sino nuevas configuraciones dentro de un proceso histórico permanente de transformación técnica.

Esta categoría resulta especialmente valiosa para la enseñanza, porque desplaza el foco desde la novedad tecnológica hacia las condiciones históricas que hacen posible determinadas tecnologías.


Tecnificación y complejización de los sistemas tecnológicos


La segunda categoría propuesta es la de tecnificación, entendida como el proceso de creciente complejización de los sistemas tecnológicos.

Los artefactos contemporáneos ya no pueden analizarse de manera aislada. Funcionan como componentes de redes que integran personas, conocimientos, organizaciones, normas, infraestructuras y sistemas de información.

La inteligencia artificial constituye un ejemplo paradigmático de esta complejización. Su funcionamiento depende de bases de datos, procesos de entrenamiento algorítmico, infraestructuras computacionales, decisiones empresariales, regulaciones jurídicas y prácticas sociales de uso.

En consecuencia, la enseñanza tecnológica no debería centrarse únicamente en el funcionamiento interno de un dispositivo, sino en las relaciones sistémicas que permiten su existencia y condicionan sus efectos.

La tecnificación, como concepto, ofrece una herramienta para comprender precisamente ese aumento progresivo de complejidad.


Delegación de funciones: una clave para interpretar la inteligencia artificial


Entre las categorías desarrolladas por Richar, la de delegación de funciones posee una especial potencia didáctica para abordar las tecnologías contemporáneas.

A lo largo de la historia, los seres humanos han delegado en los sistemas técnicos diferentes tipos de acciones: inicialmente el esfuerzo físico, luego operaciones de control, regulación, cálculo, almacenamiento de información y, más recientemente, procesos de reconocimiento de patrones, clasificación, predicción y apoyo a decisiones.

La inteligencia artificial puede interpretarse como una nueva etapa de ese proceso de delegación.

Esta mirada permite formular preguntas pedagógicamente relevantes: ¿qué funciones humanas han sido delegadas en un sistema de inteligencia artificial?, ¿qué decisiones automatiza?, ¿qué información procesa?, ¿qué criterios utiliza?, ¿cómo fueron definidos esos criterios?

El análisis deja de estar centrado en el uso de la herramienta y pasa a orientarse hacia la comprensión de las funciones técnicas y sociales que el sistema asume.

Además, esta perspectiva permite inscribir la inteligencia artificial dentro de una continuidad histórica, evitando interpretaciones que la presentan como un fenómeno completamente desconectado de los procesos tecnológicos anteriores.


Agencia sociotécnica y responsabilidad humana

La cuarta categoría, agencia sociotécnica, incorpora aportes provenientes de los estudios sociales de la tecnología y de la filosofía de la técnica.

Su principal contribución consiste en cuestionar la idea de que las tecnologías son herramientas neutrales cuyo efecto depende exclusivamente del uso humano.

Los sistemas tecnológicos participan activamente en la configuración de prácticas sociales. Condicionan comportamientos, reorganizan interacciones, distribuyen posibilidades de acción y producen efectos sobre individuos e instituciones.

Sin embargo, reconocer la agencia de las tecnologías no implica atribuirles autonomía moral.

Uno de los aspectos más importantes señalados por Richar es que la responsabilidad continúa siendo humana. Detrás de los algoritmos, las plataformas digitales y los sistemas automatizados existen empresas, equipos de desarrollo, decisiones institucionales, modelos económicos e intereses específicos.

Esta perspectiva resulta fundamental para la formación ciudadana, ya que permite analizar críticamente cuestiones como la opacidad algorítmica, la concentración tecnológica, la vigilancia digital, la manipulación informacional o la automatización de decisiones públicas y privadas.


Capacidades para una ciudadanía tecnológica

Las categorías conceptuales anteriores tienen implicancias directas para la enseñanza.

Si el propósito de la Educación Tecnológica es comprender el fenómeno tecnológico, entonces las capacidades centrales no pueden reducirse al dominio instrumental de herramientas específicas.

La conferencia identifica un conjunto de capacidades prioritarias:

  • analizar tecnologías desde una perspectiva sistémica;

  • comprender procesos de cambio técnico;

  • identificar delegaciones de funciones;

  • interpretar relaciones sociotécnicas;

  • representar información técnica;

  • diseñar alternativas de solución;

  • participar críticamente en la cultura tecnológica.

Estas capacidades se articulan con una concepción de la Educación Tecnológica orientada a la formación ciudadana.

Comprender una tecnología implica mucho más que saber utilizarla. Supone poder analizar sus condiciones de producción, sus efectos sociales, sus implicancias ambientales, sus dimensiones políticas y las posibilidades de intervención colectiva sobre su desarrollo.


La vigencia de los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios


Un aporte significativo de la exposición consiste en mostrar que los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios conservan plena vigencia para abordar las tecnologías emergentes.

Los NAP incluyen contenidos vinculados con automatización, sistemas tecnológicos, delegación de acciones y decisiones, la reflexión sobre las relaciones entre tecnología y sociedad, análisis de procesos técnológicos y comprensión de la complejidad sociotécnica.

Estos contenidos proporcionan un marco suficientemente amplio para estudiar inteligencia artificial, robótica, plataformas digitales o sistemas automatizados.

En consecuencia, el desafío principal no es reemplazar el currículo existente, sino desarrollar interpretaciones didácticas que actualicen esos conceptos frente a los nuevos escenarios tecnológicos.

La tarea del docente adquiere aquí un papel central como intérprete del currículo y diseñador de secuencias de enseñanza que articulen conceptos, capacidades y problemas tecnológicos contemporáneos.


Conclusiones

El cambio técnico vertiginoso constituye, sin duda, uno de los rasgos más significativos del presente. Sin embargo, esa aceleración no invalida el proyecto educativo de la Educación Tecnológica.

Por el contrario, cuanto mayor es la complejidad de los sistemas tecnológicos, más necesaria resulta una educación capaz de analizarlos y comprenderlos críticamente.

La incorporación permanente de nuevas herramientas no puede convertirse en el principio organizador del currículo. Una disciplina subordinada a la lógica de la innovación comercial perdería estabilidad epistemológica y capacidad formativa.

La propuesta desarrollada por Daniel Richar ofrece una alternativa: sostener la centralidad de los conceptos como organizadores de la enseñanza tecnológica.

Las categorías de cambio técnico, tecnificación, delegación de funciones y agencia sociotécnica entre otros, permiten interpretar tanto las tecnologías del pasado como las del presente y las del futuro.

En este sentido, la pregunta inicial admite una respuesta precisa: no es necesario redefinir el objeto de la Educación Tecnológica cada vez que emerge una nueva tecnología.

Lo que sí resulta imprescindible es fortalecer una enseñanza orientada por conceptos, capacidades y problemas sociotécnicos que permita formar ciudadanos capaces de comprender, analizar y participar críticamente en un mundo crecientemente configurado por tecnologías complejas.


Compartimos el link al artículo de Daniel Richar "Tecnologías emergentes y Educación Tecnológica: una reconceptualización desde el cambio técnico, la tecnificación y la delegación de funciones humanas"




Esp. Mariana Casas